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Testimonio hermana Aida Armijo

Él me fue preparando para este gran apostolado de amor y misericordia

Aida Armijo 2

   La hermana Aída Armijo, muy amablemente, nos concedió una pequeña entrevista para compartir su experiencia de vida como religiosa del Buen Pastor

¿Cómo despertó la vocación de ser religiosa?

Yo lo atribuyo a varios factores pero quisiera resaltar tres instancias fundamentales en mi vida: Primero el llamado infinito que Dios hace en mi vida, desde pequeña. Él me fue preparando para este gran apostolado de amor y misericordia a través de pequeñas señales que, a lo largo de mi camino de oración y fe, se fueron descubriendo. Segundo, mi familia, en especial mi madre quien nos inculcó la fe, el amor a Dios y a la Virgen. A través de esa sabiduría y experiencia propia que los años otorgan, mi madre nos fue mostrando las maravillas que Dios hace en las personas que confían en Él y, tercero, la Iglesia, en especial mi Parroquia de LLolleo, a través del Padre Patricio Infante y el Padre Alberto Jara así como los grupos juveniles y la catequesis quienes, realmente, fueron formadores de agentes entregados a la misión de ser Apóstoles del Reino de Dios.

¿Cuál ha sido el trabajo que ha desarrollado en la Congregación del Buen Pastor?

Fundamentalmente, en misiones, especialmente en lugares sencillos y muy cerca de los preferidos de Dios. Para mí fue una experiencia inolvidable misionar en las Islas de Chiloé, ahí se aprende a vivir y ser como los pobres donde todo lo esperan de Dios. También he trabajado con los jóvenes, de ellos se aprende la alegría de vivir y de perseguir nobles ideales.

Actualmente, el trabajo que desarrollo va en tres líneas: educación que responde mucho a mi inquietud de enseñar y de aprender cada día a dar respuesta desde la esencia del Evangelio.

Familia como un llamado a acompañar desde las vicisitudes de la vida y de los grandes cambios que experimenta el mundo y que la gente necesita respuestas desde la fe y la espiritualidad.

Formación, acompañar a las comunidades de base de la Iglesia en la búsqueda de sus dudas y de como atender de la mejor forma su trabajo pastoral.

¿Cómo evalúa su vida religiosa?

En la mitad de mi vida, en el medio siglo que he cumplido y con 24 años consagrada puedo decir con alegría que me siento muy feliz: contenta porque en medio de dudas, problemas, adversidades Dios ha sido muy amoroso conmigo. Contenta porque en el camino he sembrado muchas flores de muchos colores y rosas rojas hermosas y a veces, con espinas. Contenta porque Dios ha puesto personas en mi camino que me han tendido la mano y me han sabido comprender y caminar conmigo aun en medio de mis vacilaciones y por último, un eterno gracias, con mayúscula, a mi Congregación por saberme tener paciencia.

 

 

 
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