La Solidaridad y el rol Profético

Puente Alto/Chile

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Desde mayo estoy estudiando el Curriculum de Justicia y Paz de la Congregación y quiero compartir con ustedes lo que ha significado este aprendizaje.

El título de primera unidad es la solidaridad y el rol profético de la religiosa, el cual me invitó a reconocer y entender la definición de solidaridad y profecía. Es interesante juntar los dos términos y descubrir que nosotras estamos llamadas por Dios a anunciar y denunciar las injusticias en nuestro mundo. Comprender el llamado bíblico de solidaridad me significó, integrar lo que ya conocía con estos nuevos elementos.

Desde el articulo Xavier Picaza Evangelio de Jesús pobreza y solidaridad interhumana, quiero compartirles sobre los tres niveles donde se puede interpretar la pobreza: el escatológico, simbólico y social. En el escatológico los textos sobre la pobreza nos ofrecen la verdad y la promesa del futuro de Dios que Jesús ha hecho presente y realidad en nuestra historia. En el simbólico, el futuro del reino no es un simple objeto de esperanza, es ya realidad que existe sobre el mundo, es hacer que el evangelio se convierta en fundamento y forma de vida. Y en el social se puede interpretar la pobreza como realidad social por medio de la Iglesia, desde los principios del Evangelio.

La reflexión también me llevó a leer algunas encíclicas sociales reconociendo la preocupación de la Iglesia por los derechos de los trabajadores, los pobres y el progreso de los pueblos, en especial por aquellos que tienen deudas externas las cuales no permiten el desarrollo de una nación.

Al finalizar la unidad fuí invitada a integrar todos los elementos anteriores mirando el rol profético del profeta Jeremías, Jonás y Amós.

Me siento motivada a tener una visión más clara de la justicia y este rol profético, de anunciar y denunciar las injusticias que veo en mi entorno, ser más consciente de la realidad que hay en el país, y pensar nuevas formas para vivir la solidaridad, en especial en este tiempo de pandemia.

                          

Por. Hna. Paula Cantellano Muñoz


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