Hna Raquel Cabero

Me enamoré del señor para toda mi vida

 

La hermana Raquel Cabero nació en la ciudad de Potosí y se crio en Cochabamba, ingresó a la Congregación del Buen Pastor a los 18 años, siguiendo el llamado que el Señor le hizo. Estudió psicopedagogía en la Universidad Mayor de San Andrés en la ciudad de La Paz. Una de las frases que más le reconforta es "Jesús en ti confío". El 21 de noviembre cumplirá 54 años de vida religiosa y si Dios quiere el 8 de febrero del próximo año celebrará las Bodas de Oro de vida consagrada.

Así nació mi vocación

Yo me enamoré de Jesús desde mis nueve años, cuando hice mi Primera Comunión. Soy la única mujer de una familia de siete hermanos y ellos nunca aceptaron que yo decida ser religiosa. Cuando ya salí bachiller me encontré en el dentista con una religiosa del Buen Pastor y yo le pregunte qué se necesitaba para ser como ella, ahí empezó una conversación y ahí mismo se hizo todo. La primera vez que salí de mi casa fui a la casa del Buen Pastor que quedaba en Quillalcollo, Cochabamba el 1 de noviembre, día de Todos los Santos; cuando mis hermanos se dieron cuenta me buscaron por todos lados. Al llegar a la casa de las Hermanas, mi papá, que fue a buscarme, me decía: "yo no me voy de acá, tú te vas conmigo" entonces yo sentía algo dentro de mí que hizo que me arrodille y le dije a mi papá que me apoyara, mi papá al verme arrodillada firmo el papel de autorización porque yo era menor de edad y al día siguiente viajé a La Paz. Llegué e hice todos mis papeles y viajé a Lima. Llegué el 21 de noviembre de 1958, sentí la presencia de la Santísima Virgen y al llegar me vistieron con un traje negro; ese día había toma de hábito, había primeros votos, votos perpetuos y todas las hermanas renovaban sus votos perpetuos, era hermoso. Yo me sentí en el cielo porque todas vestían traje blanco con sus velos negros como Santa María Eufrasia. Las Hermanas rezaban el Santo Oficio en latín, yo no entendía nada pero me gustaba mucho ese rezo, nunca me olvido de ese rezo, es como si uno estuviera en el cielo, fue el día más feliz de mi noviciado.

Es el Señor quien te sostiene

En Lima me quedé tres años y medio y de ahí, cuando se dividió la Provincia entre Bolivia y Perú, me vino una primera prueba del Señor: tuve que retornar a Bolivia, al noviciado muy lindo que las hermanas hicieron en el Inglés Católico en el año 1960. Cuando estuve en La Paz llegaron mis hermanos a buscarme, salió la Provincial y me dice: "Raquel te está buscando tu hermano", yo estaba vestida de blanco y salí feliz, mi hermano me miraba y mi cuñada me decía: vámonos, vámonos y yo les dije que no, que yo había entrado para siempre y que esto no era un juego. Cuando mi hermano se fue, me llamo la Provincial que era la hermana María Cristina Pérez Clavijo, peruana y la primera provincial de Bolivia, y me dice ¿se acuerda de su hermano que vino? Ha venido con un pasaje en avión para llevársela a usted y dijo: "mi hermana no se queda aquí ni un minuto más" pero cuando usted salió allá a la Gruta algo vio en usted y dijo: "no puedo decirle a mi hermana nada, que se quede". Pese a las objeciones de mis hermanos y de mi padre yo estaba clara que había entrado para toda mi vida, para mí no era un juego.

Mis primeros votos los hice en el colegio Inglés Católico el 8 de febrero de 1963. Me enamoré del Señor para toda mi vida. Ahora tengo ya más de 53 años de vida religiosa y soy feliz. Yo me enamoré del Seños con todo, con luces y sombras y la prueba más fuerte que me ha dado el Señor ha sido mi salud.

He sufrido mucho con esto de la salud porque uno no se busca los dolores. He llegado a la conclusión de que así pueda estar en la noche más negra, más triste, los dolores más grandes que uno puede tener pero si realmente uno ama al Señor es Él quien te sostiene.

Yo vivo de milagro, yo siento al Señor dentro de mí, siento que me acompaña siempre, él está a mi lado. He sentido la presencia del Señor en cada una de las situaciones y experiencias que me han pasado en mi vida, la oración Señor Jesús en ti confío es milagrosa para mí.

Desde que vine a Bolivia de Lima, en el año 1960, fui a la comunidad de Obrajes para una misión con reeducación de las niñas, ahí estuve 12 años trabajando; he sido profesora en el Colegio Inglés Católico, en Sucre y Santa Cruz, en El Alto; he trabajado también en Sucre con jóvenes de reeducación y en el colegio Santa Eufrasia de Sucre pero con todo, con luces y sombras, yo me siento muy feliz. Es el Señor quien está presente en cada una de las situaciones que vivimos, la vida religiosa es un misterio y no es fácil tampoco. Realmente si una está enamorada del Señor puede venir y afrontar todas las pruebas que tengan. Si realmente una tiene vocación el Señor nos da la gracia de vencer. Hay muchas pruebas pero yo siento una gran alegría, sino fuera el Señor no sé que sería de mí, es el Señor que me da la fuerza. Yo digo que cuando uno se enamora del Señor tiene que ser hasta el final, venga lo que venga, sea lo que sea pero siempre con el Señor. Me siento muy feliz y quiero mucho a mi Congregación.

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