María del Divino Corazón una mujer intensa

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La vida espiritual de la hermana María del Divino Corazón se expresa fielmente en su vida apostólica. Ella desde muy joven tiene un vínculo íntimo de comunicaciones con el Corazón de Jesús, las cuales están llenas de ternura; de palabras de aliento por la misión, de deseos de Cristo por la humanidad, que María los fue expresando en el diario vivir tanto con las hermanas, las niñas, mujeres y con todas las personas que se acercaban a pedirle algún consejo.

María a los 31 años fue nombrada superiora de la comunidad de Oporto (Portugal), allí fue se desplegó en el ejercicio de su liderazgo. Al llegar a la comunidad se encontró con una casa muy deteriorada y endeudada; con una misión disminuida y una vida religiosa y comunitaria empobrecida. Los primeros meses no fueron fáciles, ella misma escribe: “cuando hay algo que agarrar, que coger entre las manos, me siento en mi elemento”. Y así fue, ejerció el liderazgo espiritual en la comunidad, renovando no solo lo externo, sino invitando a las hermanas a ser más, las hermanas portuguesas estaban aterradas por las decisiones severas y un tanto incomprensible que tomaba la nueva superiora. La mayoría son mujeres simples, de origen rural y a veces poco formadas y no siempre hábiles para ciertos trabajos.

Por eso mismo, las resistencias fueron muchas y María tuvo que aprender a ser más paciente con las hermanas y con todo lo que tenia que ver con la misión. En una de las comunicaciones con el Señor ella escribe: Nuestro Señor me dijo que debía tener más bondad y dulzura con las hermanas. Él me ha dicho que, por mi conducta, yo debía hacer resplandecer su dulzura y amabilidad en los corazones de los otros. Que debía ser como el sol que hace desaparecer las tinieblas, es decir, que debía irradiar la alegría y la paz por todas partes.

Los testimonios de la dulzura que irradiaba la superiora de la comunidad de Oporto eran conocidos por todos, muchas personas ni siquiera alcanzaban a comentar lo que les atormentaba, solo al verla en la sala de visitas volvía a ellos la paz.

Así mismo, hay testimonios del celo apostólico de esta intensa y apasionada mujer, cuando se trataba de las niñas decía: “Mi principio es no rehusar la entrada a ninguna niña, mientras haya un rincón disponible, y de preferir siempre las mas pobres, las más abandonadas, las más enfermas del alma.” Tanto es así, que un verano llegaron a tener 130 niñas y muy pronto falta puesto. Sus métodos poco convencionales muestran la necesidad de volverse creativa. “Como nos vimos en la necesidad de recibir varias niñas de improviso, el último rincón fue ocupado. Uno, dos tres, la decisión fue tomada: la sala de comunidad fue transferida a un pequeño dormitorio, dando lugar así para cinco niñas. No conozco cruz más grande que tener que poner un límite a la admisión de las niñas”.

María del Divino Corazón es una fiel hija de la santa Madre, vivió la espiritualidad y carisma de la Congregación, unida de manera extraordinaria al Corazón de Jesús, que la hizo signo de su amor e instrumento de reconciliación para todas las personas que se acercaban a ella.

Beata María del Divino Corazón

guíanos a las riquezas del Corazón de Cristo.

 

Hna Carolina Madariaga M.


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