Método para cuantificar los ingresos están subestimados

¿Cuánto vale el trabajo que realiza una persona por atender dentro del hogar a sus hijos, cónyuge, padres o ancianos? ¿Por comprar y prepararles los alimentos, medicarlos y atender sus necesidades de salud? ¿Por ofrecerles ropa limpia y algunos entretenimientos? ¿Por mantener su casa ordenada, abrigada, aseada? ¿Por ayudar a estudiar a los hijos? ¿Por formar hábitos y entregar valores? ¿Cuánto dura su jornada de trabajo? ¿Qué leyes laborales los protegen en caso de enfermedades o accidentes?

 

En el mismo escenario, ¿cuánto vale el trabajo que realizan las Hermanas del Buen Pastor en el cuidado de sus alumnos, de sus Hermanas de comunidad, de los niños y niñas a su cuidado en las residencias? ¿Cuánto vale que los lleven al doctor, al sicólogo o al siquiatra? ¿Cuánto vale que les provean ropa, buenos modales, acompañamiento, ayuda espiritual? ¿Qué les organicen reuniones con sus padres desvinculados o encarcelados? ¿Qué protejan su dignidad y mejoren su autoestima? ¿Qué les ofrezcan acogida, seguridad, comprensión y consuelo a niños, niñas, mujeres abusadas, pobres, privadas de libertad o enfermas de sida?

Si todos estos servicios de cuidado personal los realizaran personas contratadas para ello, la suma del costo de la remuneración que perciben, más los aportes previsionales y de salud, se tendría una medida aproximada para valorar este tipo de trabajo dentro del hogar. Pero la gran mayoría de los hogares no contrata estos servicios. Y en los recintos del BP, las contrataciones son mínimas y son para atender, especialmente, necesidades de aseo y orden. Además, están subvaloradas, aunque en los últimos tiempos, el acceso de las mujeres a diferentes actividades remuneradas ha provocado la escasez relativa de la oferta de estos servicios, lo que ha hecho que en algunos sectores, haya mejorado la remuneración que perciben.

Desde hace muchísimos años se debate en medios económicos, académicos e internacionales que los métodos para cuantificar los ingresos de los países están subestimados porque no incluyen el costo de esos servicios no remunerados y que mayoritariamente, realizan –gratuitamente- las mujeres. En el mundo rural, acarrear agua, juntar leña, ocuparse de los cultivos y animales, etc., tampoco son actividades por las que se perciba sueldo y por lo tanto, tampoco están incorporadas en los cálculos nacionales que sirven para medir el desarrollo del país y de sus regiones.

Con estas prestaciones, las Hermanas del Buen Pastor y las mujeres en sus hogares, son víctimas de la injusticia de realizar este trabajo sin reconocimiento remunerativo en "sustitución" de actividades que el Estado debería garantizar por medio de políticas públicas. En países desarrollados existe la oferta pública gratuita para el cuidado de menores y de ancianos con el objetivo que las mujeres destinen su tiempo a aportar en sus hogares sus ingresos laborales obtenidos fuera del hogar. Dos ingresos en el hogar constituyen el verdadero soporte para salir de la pobreza, lograr mejor nivel educacional, ser más dignos y humanitarios y con estas necesidades básicas resueltas, estar más disponibles para trabajar por la paz y la justicia, pero a niveles que representan tierras más fértiles para la palabra de Jesús y el trabajo pastoral y misionero de la Congregación.

Eso sí, el financiamiento de esta oferta pública garantizada, gratuita y universal dentro del país, proviene de impuestos que pagan los que reciben ingresos lo suficientemente altos como para que estos gravámenes no les signifiquen mermas en su calidad de vida.

Comisión Justicia, Paz y Solidaridad

Provincia Bolivia/Chile

 


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